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Pere Renom

“No te dimos un lugar fijo, ni faz propia, ni un oficio peculiar, Oh Adán!, porque el lugar, la imagen y los empleos que desees para ti, estos los tengas y poseas por tu propia decisión y elección […] Ni celeste, ni terrestre te hicimos, ni mortal ni inmortal, para que tú mismo como modelador y escultor propio, más a tu gusto y honra te forjes la forma que prefieras para ti.”

Giovanni Pico della Mirandola - De la Dignitat de l'home

Un breve recorte filosófico

En 1758 Carl Linneo publicó la 10ª edición de su libro Sistema Naturae, una obra monumental en la que clasificaba la mayor parte de los organismos vivos conocidos en la época, a partir de la introducción de diversas categorías jerárquicas (básicamente reino, clase, orden, familia, género y especie) y de la nomenclatura binominal latina. Basado en similitudes anatómicas Linneo tuvo el brillante acierto de incluir nuestra propia especie en la misma categoría que los monos, categoría que llamó primates, y nos bautizó con el conocido nombre de Homo sapiens, el hombre sabio. Dejaba así el terreno abonado para que décadas más tarde Charles Darwin pudiera desarrollar la trascendental teoría del origen de las especies.

Homo sapiens es desde entonces nuestro nombre científico, si lo analizamos científicamente descubriremos algunos detalles muy interesantes. Homo es el término con el que los romanos designaban a los humanos, y comparte raíz con el término humus, la parte más superficial y fértil del suelo. El origen de esta asociación se remonta a los pueblos indoeuropeos y a su distinción religiosa entre los dioses inmortales, de origen celeste, y los seres humanos, mortales de origen terrenal. Por otra parte, sapiens deriva de scire, saber, del que también deriva scientia, la ciencia o el conocimiento.
De alguna manera, pues, Homo sapiens es un animal terrenal, falible, dotado de ciencia. Un nombre muy apropiado a nuestra verdadera condición natural. Por lo tanto, no deberíamos abandonar el deseo innato de conocer, de descubrir, de experimentar mediante observación y ensayo y error para convertirnos en sabios. Deberíamos conservar durante toda la vida nuestra esencia científica, en un sentido amplio, también humanista, tal como ya lo hicieron en el Renacimiento, Leonardo da Vinci, Giovanni Pico della Mirandola o Galileo.


Vídeos portada

Durante los últimos años he estado trabajando como reportero en el programa de divulgación científica Quèquicom de la Televisión de Catalunya. Quèquicom, traducido «Qué-quién-cómo», es un programa sobre la ciencia de las cosas cotidianas, pero con un giro. Mediante todo tipo de analogías se explican los principios científicos que hay detrás de la salud, el medio ambiente o la tecnología de cada día. Aquí podéis ver dos vídeos resumen. Para ver los reportajes enteros haced clic aquí


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